Cuando actualmente hablamos de “personas refugiadas” (aunque lo más correcto sería denominarlas como “personas en tránsito”) es muy posible que lo primero que se nos venga a la cabeza sean las miles de personas que se encuentran en Lesbos, por ejemplo. Probablemente porque sea una realidad que nos queda relativamente cercana en el recuerdo, de la cual todavía nos llegan escasas imágenes, aunque solo sea por las mortales travesías del Mediterráneo.

Pero hay más lugares. Según ACNUR, 79,5 millones de personas se vieron obligadas a desplazarse a la fuerza en el mundo a finales de 2019, una cifra que prácticamente se ha doblado respecto al año 2000. Esto significa que un 1% de la población mundial ha tenido que huir de su hogar como resultado de los conflictos y la persecución. A junio de 2020, esta organización contabilizaba 26 millones de personas refugiadas en el mundo. Más de la mitad, menores de 18 años. Un récord histórico que supera al número de refugiados tras la Segunda Guerra Mundial.

La crueldad de la que huyen no cesa mientras viajan hacia otro destino. Lo vemos en las políticas migratorias que se aplican en la Unión Europea, por ejemplo, para evitar las solicitudes de asilo, y haciendo recaer en otros países ese control migratorio. Resulta inconcebible que la protección de estas personas en tránsito recaiga únicamente en movimientos sociales y organizaciones internacionales sin ánimo de lucro. La situación demanda un cambio de políticas y una protección hacia las personas cuyos derechos son sistemáticamente vulnerados al migrar.

Para conocer la situación de las fronteras europeas y el desarrollo de la ‘Europa fortaleza’, hemos contactado con No Name Kitchen, una asociación sin ánimo de lucro que está presente en Šid (Serbia) y en Velika Kladuša (Bosnia), a cinco y dos kilómetros de la frontera croata, respectivamente.

Llevan en el terreno desde 2017, cuando un grupo de personas voluntarias empezaron ofrecer recursos de cocina y alimentación a las personas refugiadas que vivían en las antiguas barracas de la estación de ferrocarril de Belgrado, distribuyendo más de quinientas raciones de comida caliente al día. A partir de ahí, su trabajo se ha ido desarrollando ofreciendo ayuda a quien lo necesita, de forma individual o colectiva en los puntos más conflictivos para el flujo migratorio que tiene como destino la Unión Europea.

Aparte de eso, están documentando la vulneración de derechos y la violencia que sufren estas personas en tránsito, demostrando que las políticas migratorias siguen criminalizando a quienes migran y la tarea imposible de conseguir asilo. De todo ello hablamos en la entrevista de esta semana con la responsable de Comunicación de No Name Kitchen, Bárbara Bécares.

¿Cómo y dónde escuchar Reenfoca2?

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Crédito de la imagen: No Name Kitchen

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